[Texto de presentación para la exposición individual: Los 4 elementos, en la Casa Fuerte de Bezmiliana - Rincón de la Victoria (Málaga), España. junio 2003]
La obra de Yolanda del Riego vibra, emociona, sorprende e interesa en tanto que declara -de entrada y limpiamente- que hay un arte que nace de sí mismo, como un manantial. Se trata de un arte que vemos surgir de su propia matriz material y del trabajo arduo de su mismo proceso, al tiempo que evidencia ser una creación situada sobre un territorio emocional bien marcado: el constituido de la acción y del efecto de ir sintiéndose al ir haciéndose. Es un arte que no se detiene en consideraciones ni de canon, ni de género, ni de lenguaje; un arte, que no atiende a límites al producirse desde su íntima excepcionalidad, mezclando sin contradecirlos procedimientos de la gráfica original, (fundamentalmente, calcográficos y xilográficos) y de la pintura (con clara preferencia por la técnica de la pintura al agua "a la japonesa"). Se trata, pues, de un arte esencialmente -y no estratégicamente- transgresor, un arte que -como diría Bataille-permite al artífice "conocer el infinito, al vislumbrar una existencia libre de reglas y constricciones", y que otorga al cuadro el aspecto utópico que distingue a toda obra de arte que realmente lo sea. De todo ello se desprende la veracidad de su expresión natural, su extraordinaria espontaneidad.
Al mismo tiempo, la clave referencial de este arte es la Naturaleza. Y, por más que en su proceso haya cada vez mas abstracción, Yolanda reconoce siempre estar "muy enganchada con el paisaje". Esta incorporación de abstracción y Naturaleza, en el caso de del Riego, no ha conducido a ningún tipo de paisajismo "al uso", sino a una profunda y sentida pintura de paisaje, a cuyo través el cuadro termina por constituirse mucho más en "invocación" a la Naturaleza, que en reproducción de motivos paisajísticos. Así lo proclama el conjunto de los cuadros aquí expuestos, en los cuales, junto a una recuperación intermitente del paisaje como género de la pintura (que se evidencia, sobre todo, en la preciosa transparente y abstraída serie de acuarelas), vemos como se ha venido imponiendo y como triunfa en la obra más reciente la apelación en clave poética -y de manera no unívoca- que Yolanda hace de motivos, ideas y elementos de la Naturaleza "en general", tal como ocurre en las versiones referidas a la imagen inefable de Constelaciones, asimismo en los densos y tenebroso temas relativos a la expresión plástica de la reciente y catastrófica marea negra del Prestige -que se materializan aquí en las variaciones de Mar herida-, así como en los trabajos referentes al puro canto visual -color y reflejo- sobre sugestiones de las masas marinas, tal como se expresan las propuestas de la suite Atlantic Quartet, y, de manera especial, las variantes de la serie centrada en los Cuatro elementos primordiales o "raíces del ser" -fuego, agua, aire y tierra-, designados por el presocrático Empédocles como espíritus entre lo demoníaco y lo divino, correspondiéndose con Zeus, Hera, Nestis y Adonis-, elementos que, no en vano, dan título al cuerpo completo de esta exposición.
En consecuencia, las imágenes de la obra en curso de Yolanda del Riego -operando una por una, e inclusive como conjunto- no remiten a un significado fijo, sino que se establecen sobre el juego libre del significante en su completa materialidad. Por eso nos encontramos con una pintura cuyo lenguaje se apoya preferentemente en el gesto y el trazo impromptu, y también en la potencia expresiva de los efectos "incontrolables" que se producen en obras cuya base se determina por estampación en tórculo, estampación tenida por Yolanda como procedimiento profundamente creativo, de registro evolutivo, que va descubriendo lo que la primordial plancha grabada nos puede dar a partir de su entalladura y su mismo corte de perfil, ya sea su condición la precisa dureza afilada del acero o la sensual blandura carnosa de la madera. Estamos, así, ante una obra intensamente viva y abierta, regida por la "pincelada asemántica” -que dice Norman Bryson- y por la dialéctica del gesto, y asimismo por la especialísima carga expresiva del exquisito papel japonés del que se aprovechan no solo sus calidades de textura intrínseca, sino también las de sus acusados relieves de "grabado" y sus mismos dobleces ocasionales.
Por todo ello, estas vigorosas y seductoras "estampas pintadas" que vienen a ser la pintura de Yolanda del Riego, recuerdan tanto la lucha de Delacroix cuando defendía que el gran trabajo del artista radica en "evitar la infernal comodidad del pincel", debiendo preferir siempre una materia difícil de trabajar, y haciéndose inclusive preciso "volverla rebelde para vencerla con paciencia". Esta es la energía de esta obra. Y de esta energía de la materia y del procedimiento -es decir, de la materia construyendo la forma y la estructura- se deriva la fuerza energética de sus imágenes. Imágenes de "pintura de autor". Imágenes de pintura romántica. Imágenes de un arte que, como postulaba Novalis, consiste, al fin de cuentas -o sea, en sus resultados-, en dar un alto sentido a lo común, un aspecto de enigma a lo cotidiano, la dignidad de lo ignorado a lo conocido, una apariencia infinita a lo finito, siendo el sentimiento de infinitud el órgano de percepción universal para una pintora como Yolanda del Riego.